El género superheroico ya ha dejado ser una etiqueta solo achacable a las historietas para convertirse en un tipo de cine que ahora despunta como ningún otro. Raro es el mes que no aparezca un nuevo título de tipos en mallas dándose sopapos unos a otros.
Con todos los avances en efectos especiales, cuesta mirar atrás y ver las películas de comics adaptados en las pasadas décadas como algo atractivo para el público mainstream. Sin embargo, sí que han conseguido en convertirse en títulos de culto por su carácter chusco o de serie B irredenta. Productos como Howard, un nuevo héroe, el Hulk de Lou Ferrigno o los Fantastic Four de Roger Corman han encontrado un hueco en el corazón de todos los amantes de la subcultura cinematográfica y televisiva.
Los productos más clásicos que aún consiguen verse y disfrutarse por todos los espectadores como Superman o Batman de Burton son los que han conseguido aguantar el paso del tiempo de forma admirable. Fue precisamente durante el post-estreno de Batman donde apareció una serie que también se encargaba de adaptar otro de los personajes de su misma casa (DC Comics): Flash.
La serie de Flash solo contó con una temporada de 22 episodios y ha sido relegada al pozo del olvido de las series televisivas de los 90. Narraba las andanzas de Bary Allen, de la policía forense de Central City, y de su alter ego superheroico. Contaba con la BSO de Elfman (igual que Batman) y los efectos especiales de Stan Winston, creador de algunos de los mejores monstruos de la imaginería cinematográfica.
¿Que por qué me gusta tanto esta serie? Está torpemente adaptada con respecto al cómic homónimo y los efectos especiales se han quedado, para muchos, obsoletos con el paso del tiempo, sí. Pero tiene unos aciertos que la hacen una pequeña joya para los fans del género.
Para empezar, su diseño de producción es espectacular. Siguiendo los pasos de la obra de Burton, el símil estético entre las dos las une fuertemente por algo más que el compositor de sus bandas sonoras. Casi resulta increíble lo trabajada que está la dirección de arte, brillando especialmente en los magníficos decorados que se muestran en la serie.
El traje de Flash (que se encargó de crear el propio Winston) se ve realmente bien para su época, cogiendo la imagen icónica del personaje y haciendo que se te pegue a la retina. No es tan atemporal como el que vestían Reeves o Keaton, pero para los fans de la ciencia ficción clásica con vocación popular resulta realmente atractivo.
Otro puntal son los villanos. Si hemos dicho que el traje que viste Barry Allen es totalmente fidedigno al del cómic, los villanos es otro cantar. Y a Dios gracias, porque si Capitán Frío hubiese vestido sus ropas del cómic, los espectadores se habrían caído de culo al ver su modelo de caperucita azul.
El nombrado Capitán Frío, por ejemplo, viste un diseño más cercano a la estética del Batman del 89 que le sienta realmente bien, con el que logra conseguir la presencia amenazadora y fría (valga la redundancia) que verdaderamente hace honor al villano despiadado que es. Esto último se puede cerciorar leyendo los primeros cómics escritos por Geoff Johns en la serie de Flash.
Ya para cerrar, diré que la serie tiene un aire campy que, sin ser tan descarado como el de la serie de Batman interpretada por Adam West y que es una de las favoritas de la casa, sí que se agradece en un computo global de adaptaciones de superhéroes que apuestan por lo oscuro en la mayoría de casos. Porque, de vez en cuando, una ración de desenfado y trajes coloridos no viene mal.
Pánico Víctor










