De los estimulantes a los depresores

                Hubo un tiempo en el que la vida parecía ser de lo más interesante. Una época en la que, siendo más jóvenes, todo lo que nos rodeaba resultaba digno de escucharse, de verse y de tocarse. Mi vecina estaba buena y yo quería que se casara conmigo, mi perro todavía podía subirse al sofá sin ayuda de nadie, y yo, sin comerlo ni beberlo, me veía inmerso en una vorágine de sensaciones propias del cambio de la adolescencia a la semi-adultez.

Por aquel entonces me encantaba desnudarme y pasear por la calle de noche. Me gustaba beber en compañía hasta altas horas de la madrugada sin que importara el dónde ni el porqué. La vida era un puto caos, yo era un niño y me drogaba. La vida era maravillosa.JM_54-thumb

Sería aburrido enumerar todas y cada una de las drogas que consumía por aquel entonces, pero puedo decir con (casi) total seguridad que la mayoría eran estimulantes. El speed, la cocaína, el MDMA.

Por no hablar de las drogas de diseño, (de las cuales yo nunca fui muy fan), nos acompañaban todos los fines de semana y muchos días laborales en los que necesitábamos un “empujoncito” para seguir hacia adelante.
La vida era maravillosa pero la gente empezaba a apestar. Empezaba a oler como a plástico quemado y a meada de gato. Todo se fue a la mierda en un abrir y cerrar de ojos. De repente la vida era una puta y la mayoría de las personas eran su clientela, y pagaban muy mal.

 Supongo que esa fue una de las grandes razones por las que me pasé a los depresores. Llevaba ya muchos años quemando mis sinapsis con esto y aquello y supuse que eran parte del problema. Pasé de consumir sulfato de anfetamina a ingerir y esnifar benzodiacepinas. Muchos de los que hayáis estado en este antro sabréis a lo que me refiero.

 Dejé el punk rock por el post punk.

Tiré mis discos de los Ramones para comprar discos de los Bauhaus. Ya no quería ver el mundo arder, el planeta ya había sido quemado, estaba reducido a cenizas. Me limité a contemplar el descenso y la degeneración. Ahora mis fieles amigos eran los tranquilizantes, sedantes, hipnóticos, anti psicóticos y derivados de la morfina. Drogas de farmacia para amas de casa enfermas de vivir.               

Nos hacemos viejos y más sabios, pero no más interesantes. Me sigue gustando pasear desnudo por la noche a la luz de las farolas y beber hasta altas horas de la madrugada. Pero ahora, salvo honrosas excepciones, lo hago a solas junto a mi botiquín personal.

No se dormir sin química ni aguantar el dolor. Soy más viejo, más sabio

, y más cobarde. Y sin embargo esto no es una confesión, ni una manera de purgar mis pecados.

Esto no es una muestra de debilidad porque sigo siendo mejor que vosotros. Vosotros, panda de inútiles que fuisteis definidos no hace muchas páginas de este blog de manera brillante.

 

               

La gente decente nos aburre, Los simples devoradores de libros nos parecéis basura inmunda, desecho fecal de hiena cocinado a la plancha. Seguid haciéndoos pajas con Palahniuk. Seguid así trozos de mierda. Si eres uno de ellos, largo de aquí, no te queremos, no eres de los nuestros, no te necesitamos. FUERA.

Adiós.

W. Nikopol

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2 pensamientos en “De los estimulantes a los depresores

    • Has de ser una persona erudita en temas piscosocioeconómicos, políticos y espirituales para consignar tal respuesta. Seria interesante leer más acerca de tus ideas, tienes algún blog o similar?

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