50 sombras mas oscuras – E.L. James

Ayer empecé a leerme la secuela de 50 sombras de Grey a eso de las 8 de la noche y a la 1 ya había terminado.
Intenté hacer un steaming live en twitter pero no pude.
No se me ocurría nada que decir sobre el segundo volumen de esta saga best seller que no incluyese gritos y un montón de tacos.
De modo que sin más preámbulos, paso a explayarme con mi crítica.

 

 

PREVIOUSLY ON 50 SOMBRAS DE GREY…

La acción del primer libro acaba como dije con un final a lo “cumbres borrascosas”, con ella dejando al fulano porque le zurra demasiado en un rollo sexual consentido. Básicamente, se da cuenta de que al tío le va la marcha en serio y huye a su casa a llorar, comer helado y hacer otras cosas que hemos visto en comedias románticas que hacen todas las chicas cuando su novio millonario sadista sexual se le va la mano con el látigo de púas. Igual no habéis visto las mismas comedias románticas que yo.

En estas que dejamos a la muchacha llorando abrazada a un globo con forma de helicóptero (esto no me lo estoy inventando, lo juro) sintiéndose vacía por no tener a un hombre a su lado ni ninguna parte de su anatomía dentro.

LA HISTORIA

La acción se retoma 5 días después, cuando el acosador guaperas contacta con ella con una excusa de mierda para volver a verla, y ella accede. (Esto probablemente es lo único realista que aparece en todo el libro). Desgraciadamente estos acercamientos suponen una vuelta al abuso retórico del género epistolar , personificado en la transcripción de e-mails coñazo (algunos de los cuales contienen solo una línea) y contribuyen a crear un clima de desasosiego en el lector, preguntándose porque no se llaman por teléfono, porque no condensan todo en un solo correo o porqué no cae una bomba y los mata a todos.

El caso es que en cuanto se ven, la tía se vuelve a poner muy perra, a poner los ojos en blanco y a morderse el labio y vuelven juntos. Eso ocupa aproximadamente un cuarto del libro y un montón de esos jodidos e-mails.

Pero Christian Grey ya no es el mismo. Algo ha cambiado. Ahora es la fantasía erótica de una madre sin vida sexual y una casa en los suburbios… Pero que quiere comprometerse. Exacto. En un fatal giro del destino, el protagonista se ha dado cuenta de que eso de tener atadas, sodomizadas y esclavizadas a chavalas no mola tanto,(wtf?) y que a partir de ahora lo que quiere es tener una relación estable con una neurótica. Lo que es una relación estable, vaya.
De modo que asistimos a un despliegue de cursiladas y frusilerias incomprensibles, llenas de “te quieros”, “no me dejes”, “no me dejes nunca” y un montón de mariconadas que daban así como grimaca (Al parecer a las chicas les gustan los hombres co-dependientes a full)

Para acrecentar el cliché social y convertir el libro en algo más putrefacto asistimos a una construcción argumental de “charla-polvo-charla-polvo-evento-polvo-charla” sin el mas jodido sentido y que convierte las relaciones sexuales de ellos en algo aún mas soporífero de leer.

Como colofón (y atencion espoilers) el libro culmina con un momento “white middle class american” donde… TACHÁN! hay boda. Si amigos. Estamos obligados (bueno, los que somos gilipollas) a asistir a la pedida de matrimonio, a como se lo cuentan a la familia y a como van a comprarse una casa. Si es una experiencia que es un coñazo hacer, imagínense leer sobre ella. imagínense leer sobre ella habiéndolo escrito un paralítico mental diabético. Por ahí van los tiros.

 

EL SEXO

De nuevo, la categoría de “erótica” del libro me da ganas de abofetear la autora con un ejemplar en rústica de “Las once mil vergas”.
Puede que Grey haya cambiado, pero su lenguaje corta rollos sigue estando ahí. “Dámelo todo, nena” sigue siendo la expresión mas soez y grosera que puede emitir este personaje (Claro, es que ha ido a colegios de pago) y las redundancias deal breakers tipo “Oh, Christian, hazme el amor” (sic.) están presentes en todo el volumen.

Como el adblock debía jorobarle las páginas BDSM a la autora, ahora el 90% son de esos polvos “vainilla”, considerados “de alto voltaje” únicamente por gente que folla poco y mal: Usar comida, lamer genitales, hacerlo sobre una mesa de billar, magrearse en un ascensor. O directamente follar en una cama. Estáis cachondos? Yo tampoco.

Los únicos momentos de sexo duro o “pervertido” son escasos, y consisten en ponerse unas bolas chinas para ir a ver a la familia (total, a media cena se las quita) y a la chavala suplicando que vuelvan a hacer guarradas BDSM, cosa que a él le da como cosilla. Normal, la última vez que lo hicieron ella le dejó, y ahora quiere volver a hacerlo? ¿A que juegas, puta loca? ¡¡LOCAAA!! ¡¡LOCAAAAAAAA!!

Y ya. Bueno. La parte del sexo es básicamente eso. Hay muchos “UAU” (Que es el comentario estándar cuando una chica ve un pito), muchos “nena”, y muchas, y digo MUCHAS, charlas postcoitales. Una delicia.

 

GIRO ARGUMENTAL Nº1: LA MILF
Parece que mi personaje favorito, a la que me imagino como una especie de Goldie Hawn maciza (que enfermedad, madre mía), tiene mas protagonismo en este libro. Por desgracia el personaje cambia radicalmente casi al final del libro. Veamos:

Como recordareis (o no, si tenéis memoria selectiva) Christian Grey se estrena con una Milf dominatrix misteriosa a la que la chica apoda “Señora Robinson” (como en “el graduado”!! que fino hila la autora!! que buena referencia cultural!! hue hue hue), y que al parecer es una rubia cañón.

El personaje al principio parece una señora guay, se preocupa por su ex amante y le parece divino que esté enamorado e incluso intenta hacerse amiga de la chica. Anastasia, por el contrario se afana en su tonito “ay, es que eres como superpedófila, osea” y le da cera a su novio para que deje de ser su amigo (topicazo!)

En este punto, la autora debió darse cuenta de que el personaje secundario estaba molando muchísimo mas que su protagonista y en un cambio bipolar sin el más jodido sentido, la hace montar un pollo a la chavala cuando se prometen y la convierte en la arpía celosa que no había sido en ningún jodido punto.
Justo lo que necesitaba este libro. Otro puto personaje plano.

 

GIRO ARGUMENTAL Nº2: EL OSCURO PASADO DE GREY
Por fin nos vamos a enterar de porque Christian Grey es un zurrachatis. y es que ya se dio a entender que un pasado de malos tratos y malnutrición crearon en él la necesidad de atar a mujeres (si yo fuese miembro de la comunidad BDSM estaría echando chispas) pero ahora podemos recrearnos más en esos episodios donde se refiere a su madre como “la puta adicta al crack” (muy maduro todo) y la describe como un ser pasivo y deprimido que permitía que sus sucesivos chulos la maltratasen a ella y a su hijo.
Hasta ahí, una historia trágica.
La reacción subconsciente de Grey es buscar a mujeres que se parecen físicamente a su madre, atarlas, pegarlas y follárselas.
Léanlo otra vez.
La reacción subconsciente de Grey es buscar a mujeres que se parecen físicamente a su madre, atarlas, pegarlas y follárselas.

Ya? Continuemos.
En esa línea, llama mucho la atención que la protagonista parece tocada por esa historia pero no afectada hasta el punto de preguntarse:
1- ¿hay implicaciones incestuosas aquí?
2- ¿Por que descarga su ira contra una persona enferma e incapacitada en lugar de contra el abusador, ahora que es un adulto maduro?

1- Si
2- Porque un libro de como un millonario zurra a tíos gordos con botas de cowboy vende menos.

GIRO ARGUMENTAL Nº3: UN FULANO LLAMADO JACK
Como ya pasó con la MILF, la autora parece que escribe a los personajes sobre la marcha, se le van de las manos y tiene que volverlos malos para que la protagonista no quede como una subnormal.

Jack es el jefe de Anastasia en la editorial donde trabaja. Parece una persona afable y simpática, que confía en sus capacidades y a la que, poco a poco, se le ve que le va haciendo tilín su secretaria, de manera que hace cosas normales: interesarse por si tiene novio, cargarla con menos curro, elogiar educadamente su aspecto… Nada fuera del tiesto ni inapropiado.
Pero claro, parece que esto es demasiado para Ana si-me-miras-es-que-me-quieres-follar y su novio Christian un-tio-te-ha-pedido-la-hora-te-quiere-follar.

Como buen codependiente millonario, Grey compra la empresa (asi, a lo bruto) para tener controlado al jefe en cuestión y empieza a ponerse paranoico.
Su neurótica novia empieza, asimismo, a ponerse paranoica y a pensar cosas como “mi novio puede despedirte en cualquier momento, gilipollas”, cuando él le pide que redacte de nuevo una carta mal redactada o cuando se cabrea porque esté enviándose mails con su novio todo el puto rato en horas de trabajo.  Que injusta es la vida, osea.

En ese punto de neurosis, la autora se debió dar cuenta de que aquello tenía menos sentido de lo normal (que es decir mucho) y decide convertir, de la noche a la mañana y sin venir a cuento, al pobre en un violador. Si, en un violador.
El tipo amigable que jamás se propasó empieza a decir cosas como “guarrilla, te vas contoneando y provocandome”, solo para justificar los celos paranoides de la pareja de cretinos esa en una escena impostada y ridícula que culmina con que le echan de la empresa y grey promete “arruinar su carrera”. Que no es como denunciar un intento de violación a la policía, eh? mejor que se vaya tan pichi. (Ni que decir que a ella, secretaria que lleva una semana en el curro le dan el trabajo del jefe. Que apropiado. Ojalá el gerente de mi empresa me acose. Me gusta su Masserati)

Por último, este personaje jura venganza contra ellos al final del libro en lo que promete ser otro momento climático de “el poder, la maldad, Christian Grey puede controlar” en el que salva a su chica por enésima vez de un tio que se propasa con ella. No se como se puede vivir si cuando sales a la calle todo el mundo intenta violarte. Supongo que es lo que siente Scarlett Johansson  en un expocomic.

 

Hasta aquí mi critica de este maravilloso volumen. De verdad, no lo leáis. Es peor que el primero y no te ríes ni la mitad.
Me he dejado en el tintero escenas como la ex-sumisa de Grey armada con una pistola y con más información sobre Anastasia que si trabajase para la CIA (lo que resulta encomiable para ser una supuesta enferma mental sin hogar) y un montón de momentos de Grey poniéndose celoso ahí a fuegote.

No sé si me leeré el tercero. Me da miedo que la cosa siga por estos derroteros y tenga que aguantar a la pareja hablando de consoladores mientras miran juguetes de bebé y follando para después hacer la lista de la compra.

 

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CHAVS, la demonización de la clase obrera – Owen Jones

A priori, he de reconocer que me acerqué a este libro por tener una foto de Gabin Watson en la portada (que le vamos a hacer), pero tampoco iba tan desencaminado.

El libro no habla de Skins, sino de Chavs, una “subcultura” propagada entre la case trabajadora. Pero no son una tribu urbana, ni un colectivo, ni una moda, ni siquiera se catalogan a si mismo como chavs. Los chavs son eso: obreros.
Pero no cualquier clase de obreros: estereotípicamente son residentes en viviendas de protección oficial, la mayoría desempleados y/o con bajos ingresos. Se les atribuyen cualidades como ser “horteras” (mucho chandal y ropa ajustada), zafios, bebedores e irresponsables en cuanto al sexo: otro gran axioma es la supuesta hegemonía del embarazo adolescente.

De un sentimiento de rechazo a esta clase, nace una justificación social de su medio de vida, destinada a que la población desempatice con este colectivo: Si viven en viviendas sociales, es porque son vagos. Por ese mismo motivo, no trabajan y solo cobran ayudas del gobierno. Su “mal gusto” es obviamente voluntario y está arraigado a un bajo coeficiente intelectual y la cantidad de chicas “chavs” que se quedan embarazadas muy jóvenes lo hacen claramente aposta, para recibir subsidios gubernamentales.

Al lector, sin duda, no se le escapa el trasfondo oportunista de estas deducciones.

Ya que en base a esas premisas, la sociedad inglesa propone recortar ayudas sociales de todo tipo y recurre al gran argumento Tori (aunque adoptado por los laboristas desde la Thatcher) de “los pobres son pobres porque quieren”. Otros políticos (y he dicho políticos) proponen verter un agente anticonceptivo o esterilizante en el agua, para evitar su “reproducción como animales”.

No se si se capta el trasfondo clasista del asunto. Owen Jones no se esconde como laborista, pero se pregunta como ha podido surgir una clase “media” (inexistente) que odia, se burla y denigra a la clase trabajadora.
Desde páginas webs como ChavScum (escoria chav) o ChavTowns hasta series como Little Britain (donde parodian que venden sus bebés por alcohol) hasta agencias inmobiliarias o de viajes donde garantizan barrios o vacaciones libres de chavs.
La lista es infinita.

La realidad silenciosa y el meollo de este libro, es que los chavs, como realidad social, no existen más allá de la mente clasista de una clase trabajadora que quiere ser clase media.No se pregunta si la eliminación de la industria en los pueblos del norte ha contribuido a su pobreza y a la dependencia de las ayudas sociales. No se pregunta si los continuos recortes en educación pública y el estigma social que supone no haber ido a un colegio privado contribuyen a la tasa de abandono escolar e incluso al incremento de embarazos adolescentes.

Y ahora pensemos. por mucho que algunos llegásemos al escándalo en estas maravillosas páginas… No creo ser el primero que hace el símil chavs=canis.

Ni creo ser un abanderado de la clase trabajadora, ni lo pretendo, pero vivimos en un microcosmos clasista que, si bien no es tan bruto como el inglés, va camino de lo mismo.

Porque flipamos con “callejeros”, y con “hermano mayor”, porque nos partimos el pecho con “Aída” (ya hablaré de esta ponzoña clasista en otro momento) y visitamos webs donde nos mofamos de los “tuentis” de esos a los que no dudamos de calificar de “infrahumanos” (yo mismo lo he dicho en alguna ocasión) que son los canis.

Exudamos la misma basura impuesta por los medios que nos catapulta a un estado superior, que nos permite mirar por encima del hombro a un colectivo, sin pararnos a

pensar si somos parte del mismo (pobres, clase trabajadora) solo porque poseemos más cosas o porque no somos tan horteras o maleducados.

Preguntémonos si la mierda de sistema educativo o si el alienamiento obrero de los barrios deprimidos contribuyen a crear jóvenes como estos.
Preguntémonos si nosotros somos los obreros afortunados de tener un medio de vida digno y protector, que nos permite dedicarnos a la contemplación.
Preguntémonos si nuestra vida hubiera sido igual de haber nacido en una familia diferente, en un barrio diferente…

Preguntémonos si no somos todos, al fin, chavs. O canis. U obreros.

O porqué nos reímos de la gente humilde mientras nos pisan desde arriba.

Dr. Benway

La Mancha Humana – P. Roth

Todo autor tiene sus fantasmas y sus rituales, sus señas de identidad.

Johnny Cash, por poner un ejemplo clarificador, tenía la costumbre de, al subir al escenario y coger el micrófono para dar comienzo a la actuación, dirigirse al público con una ansiedad oculta bajo su voz de barítono y decir “Hellow, I’m Johnny Cash”.

Por decirlo de manera sencilla, da la impresión de que el autor del que voy a hablar hoy comienza la escritura de cada uno de sus libros con un “Hola, soy judío y la vida es una mierda”. Y de ahí en adelante ya sabe cómo apañárselas.

Por supuesto, estoy hablando de Philip Roth, premio Pulitzer, ganador del National Book Award, creador de la más-que-celebrada “Pastoral americana” y un largo etcétera. Pero se acabó el peloteo. Vamos a la chicha.

eso no sale ni con KH7

He de decir que no es la primera obra que leo de este hombre, ni, repetimos, la más famosa (acabas por cogerle manía a la susodicha Pastoral americana a poco que hables 5 minutos con alguno de sus numerosos -y poco imparciales, aunque simpáticos- fans ), pero es esta y no otra, de la que hablaré, para disgusto de los anteriormente mencionados.

“La mancha humana”, título sugerente y con una más que cachonda retranca, el libro nos habla de la historia de Coleman Silk, un viejo profesor de una pequeña universidad de provincias que, tras un incidente con unos estudiantes negros por el que es acusado de racismo, ve como su vida se va al garete.

Hasta ahí todo bien. El hombre dimite de su puesto ante el despropósito que sufre, furioso con el mundo académico que le rodea y con las mezquindades de gente inferior a él intelectualmente pero que se puede permitir juzgarle. Pero esto no acaba aquí. Al enterarse del problema, su mujer, con la que lleva media vida casado, se muere de un infarto (de la impresión, vaya), por lo que, loco de rabia, Coleman se hunde en un mundo de odio y rencor hacia aquellos que se lo han quitado todo.

Es en medio de este vivir huraño y eremita, que el protagonista trama relación con dos personas. Un escritor impotente de mediana edad (otro hombre al que la vida le sonríe) y una mujer joven que ha sido maltratada durante años, que perdió a sus dos hijos en un incendio y al que su exmarido culpa de la tragedia (toma ya, que ristra de alegrías).

 

“Y asi es como luchaban mis antepasados negros”

Ni corto ni perezoso, Coleman se hace amigo del escritor y le empieza a contar la historia de su vida. Que si fue boxeador, que si se acostaba con muchísimas mujeres (guiño-guiño), que si le encantan las artes pero escribir no es lo suyo, etcétera. Todo muy normal, hasta que llegamos al punto en el que el viejo profesor viudo, judío, odiado y sin amigos ni familia (sus hijos le abandonan tras la muerte de su madre) le confiesa que además de todo, es NEGROSí. Negro. Y diréis, ¿Cómo puede ser negro si el que hace de él en la película de Hollywood es Anthony Hopkins? ¿Qué despropósito es este? Pues bien; porque es blanco. Es un hijo de padres negros que por azar genético, ha salido de un color tan cercano al blanco que nadie lo clasificaría como negro.

De ahí en adelante las cosas se desmadran. Nuestro simpático protagonista nos describe una vida llena de sufrimientos al ser abandonado sistemáticamente por todas las chicas a las que les confesaba su secreto racial, (las cuales huían asqueadas de haber tenido sexo con él ). Revivimos, a su vez, cómo, harto de ser negro, abandona a su familia y vive en la mentira durante el resto de su vida. Finalmente, llegamos al punto en el que por una ridiculez le acusan (en falso, como es lógico) de racismo, por lo que paradójicamente, paga por haber dejado de lado a los suyos. O así lo entiendo yo (he de confesar que a estas alturas de libro solo seguía leyendo por lo gracioso que me parecía la dicotomía follacas arrepentido-impotente incómodo con la conversación).

Desde que amanece, apetece

Una vez llegados a este punto, Coleman decide que, liberado de la mentira, puede elegir vivir como le dé la gana, por lo que empieza a tirarse a la joven mujer que le limpia la casa (Nicole Kidman, para más señas) en lo que podría calificarse de una versión porno mala de “My fair lady” (la joven, había olvidado mencionarlo, es analfabeta) con una diferencia de edad de 50 años mínimo entre los contendientes sexuales.

Para rizar aún más el rizo y degradarse un poquito más, el escándalo sale a la luz (el del folleteo senil, me refiero), toda la comunidad se le echa encima tachándolo de obsceno, salido, etc. y el ex-marido de la joven mujer maltratada decide que va a matarlos a ambos por la que están montando, cosa que consigue casi sin querer, sacándolos de la carretera al ponerse a conducir en plan kamikaze. Los últimos estertores de libro son las explicaciones que nos da el escritor amigo de Coleman de lo mal que se siente por el asunto, los intentos que hace para que la gente le recuerde como a una buena persona y el encuentro final entre el asesino de la pareja y él en medio de un lago (charlan de pesca, no os hagáis ilusiones).

La pastilla Kosher, abuelo!

Un final bastante tostón, la verdad. Como justicia poética por el kaos de novela que es, se nos dice sin más ni más que el asesino de Coleman y la joven es condenado a muerte (??) y que un profesor negro de la universidad lo deja bien dando un discursito en su funeral en el que ensalza lo buen tío que era.

Poco más que decir. Es un libro que se lee bastante decentemente, un poco bastante paja mental y que da la impresión de haberse hecho de cualquier manera, pero a pesar de eso, no es un mal libro. No tanto como cabría esperar de una crítica tan a degüello, supongo

R. Jordan

La letra escarlata — Nathaniel Hawthorne

“¡¡Que te follen, Hawthorne!!”  ha sido el pensamiento recurrente que ha invadido mi mente durante la lectura de este… ¿soporífero? (¡es poco!) volumen.
La historia tenían un cierto juguillo a morbo, a guay, y a retorcido drama romántico que incluiría a buen seguro traición, pasión desatada y mucha moralidad de mierda… JA! PUES NANAI, DE LA CHINA!
El libro comienza cuando a Hester Prynne, aparente morenaza de armas tomar, es expuesta al populacho para mostrar un blasón A de color escarlata en la ropa. El castigo (es vox populi) es por haberse acostado con un hombre, aunque ella estaba casada (aunque su marido teóricamente ha muerto en el mar… Pero como no hay cuerpo… ¡no haber sido puritana, maja!).

Prueba de su relación extramatrimonial es su hija Pearl, que al parecer es una cria inquieta que a todo el mundo le da miedo…
De repente.. ¡TACHÁN! en un sorprendente giro argumental un misterioso Roger Chillingworth que en realidad es… ¿si? ¡si! El marido de Hester disfrazado! fanfarrias! Obviamente no quiere ser un cornudo y se mantiene en secreto mientras busca al padre de Pearl, amante de Hester y que no ha sido desvelado y que no es otro que Arthur Dimmesdale, el párroco jóven y sexy y bastante meagalllumbos que reniega de la mujer y se hace el loco durante el juicio y que se pasa la mayor parte del libro llorando y en plan quejicoso porque los remordimientos le atormentan… Y eso que vive con Chillingworth (si, en efecto, acrecenta el rollo culebrón).

Hasta ahi, yo me esperaba un estilo de novela cercano a Brontë y a una mujer oprimida por la rígida moral puritana rebelándose al destino y defendiendo la pasión de… Ni de coña.

Hester es un personaje pobre, con un potencial abrumador que se queda en una inconsistente situación de ella sientiéndose fatal y asumiendo el castigo y enfadándose con su marido secreto y defendiendo al párroco entre lágrimas. El párroco, otora considerado un personaje épico y profundo acaba siendo reducido a la consistencia de un emo de clase media, que lloriquea sin ton ni son constantemente, y el único personaje mínimamente coherente, el del cornudo, es un ser horrible y malvado por querer enterarse de quien le ha “deshonrado”.

Demasiado. Lento, predecible y una sensación de vacuidad y sopor eterno. Nunca he soportado, a título personal, la sensación de leer y leer capítulo tras capítulo y que no pase nada. Pero nada. Y todo ser humano tiene un máximo en la cantidad de descripciones de tortuosos sentimientos, y malvadas reflexiones que es capaz de soportar por minuto.

Por último, disculpen la crítica visceral. Y el discurso soez. Y aún así es mejor que la peli.

 

Artículo de Bookakke

Vamps & Tramps – Camille Paglia

Si he de admitir algo, es que sufro “feministofobia” desde hace mucho. No leo libros sobre el tema, porque suelo acabar cabreándome, gritándole a alguna edición barata de la malfollada de turno.
Pero me he releído este magnífico volumen y probablemente haya una tercera lectura. Y una cuarta.

Porque este libro es una jodida maravilla de lectura obligada para gente de ambos sexos. De lectura fácil y rápida, esta aparentemente sencilla recopilación de textos, programas de TV (guionizados), artículos de prensa y demás se lee de una tacada entre risas, caras de estupor y profundas reflexiones.

Ninguna feminista ha sido tan odiada por las feministas como Paglia.

Nacida en 1947, esta profesora de universidad hace un alegato impresionante a través de sus escritos de todo lo políticamente incorrecto con mucho humor, inteligencia y enormes dosis de mala baba.

Con un léxico no apto para sensibles, Camille se ceba con las “chicas blancas de clase media” que lloriquean por ese fenómeno psicótico de EEUU que son las “violaciones en las citas”, que, si bien condena, califica de actitud de “calientapollas” (literal) ante la doble moral sexual de Norteamérica, que late en un frenesí descontrolado entre la hipersexualidad exhibicionista y la mojigateria del evangelismo católico.

La prostitución y la “problemática” gay son abordadas también desde la óptica de la filósofa, que, renegando de la actitud victimista de las feministas con respeto a las lumis, las trata de “amazonas sexuales” , de auténticas diosas de la sexualidad, que son conscientes del poder de la mujer sobre el hombre (Contextualizando, Camile no se empapa de la realidad actual Europea de las mafias de explotación, sino que se centra en la prostitución voluntaria de mujetes, mucho más común en EEUU en bares de alterne).
También da caña a los gays, desde su perspectiva de bisexual/lesbiana (no parece definirse, ni con ganas de ello) del movimiento gay del “yo” , de la egolatría y megalomanía de las actitudes inquisitorias del colectivo homosexual contra la mas minima tos en contra de su discurso.
Homófoba, machista, reaccionaria, pro-violaciones (¿?) y otras lindezas son algunos de los argumentos que sus detractores esgrimen contra ella.

Personalmente fue un libro revelador para mi, que me reconcilió con la militancia femenina, ya que la idea subjetiva de la mayoría de sus textos es la de que las mujeres no deben parecer víctimas ni seres que requieren una protección especial.. Sino mujeres fuertes capaces de defenderse ellas solas de todas esas pequeñas memeces que hoy en día si que son chirriadas entre lágrimas de cocodrilo en los programas de los sábados por la mañana.

En cuanto a la lectura “per sei” es rápida y fácil, aunque un poco más aburrido en partes, ya que al menos a mi, me cansa tantas imágenes en forma de guión. Por lo demás, también resulta interesante leer sus opiniones sobre literatura y ciencias sociales (alejadas del “tema fuerte”) aunque a veces resulta un tanto academicista y se asemeja peligrosamente a esas introducciones pestiño que algunos editores colocan para rellenar. Leer una y dos, bueno… Pero no olvidemos que es un volumen de 606 páginas (sin contar los apéndices y la apabullante bibliografía añadida) que no conviene leerse de una tacada, sino poco a poco, riéndose y anonadándose a partes iguales.

Por último, este magnífico volumen está solo disponible en la editorial Valdemar (está descatalogada su otra obra, Sexual Personae, pero la he comprado en inglés y ya os daré la matraca) y aunque el precio no es modesto, merece mucho la pena.

-”Yo diría a los hombres: ¡Arriba! y a las mujeres: ¡enfrentaos a ello!”

Artículo de Bookakke

El niño 44 – Tom Rob Smith

Siendo fan incondicional de las historias de serial killers, leerse “El niño 44″, basado, (tal y como anuncian a bombo y platillo la reseña web y la contraportada del libro) en la lucha de un policía de la Unión Soviética contra los prejuicios de la ideología estatal, incapaz de

ver que en su territorio se están llevando a cabo una serie de asesinatos rituales, es, así de primeras, leerse la vida de Andrei Chikatilo, célebre asesino famoso por actuar impunemente durante años en paradas de autobús y estaciones de tren poco transitadas.

Uno se esperaría que, con la fama del caso Chikatilo, la famosa película rodada sobre el caso (muy recomendable, por cierto, titulada “Ciudadano X”), los documentales que han ido apareciendo a lo largo de los últimos años, etc…el autor novelaría una historia con un montón de miga y buscaría un éxito seguro. Pues no.

Pese a dejar claro, por el modus operandi del asesino y por los personajes, que se trata del citado psicópata, Tom Rob Smith se encarga de destrozar todo lo que rodea al “Caníbal de Rostov”. Y digo bien. No es el asesino quien sale perjudicado, sino todo lo demás en comparación. Y es debido a esto que la crítica no coincide ni da lugar a un mínimo termino medio respecto a esta obra. O la califican de basura o de genialidad. Y para muestra, un par de botones:

La Unión Soviética que sirve de contexto para la trama está basada en clichés que desentonan con la historia real y le restan atractivo; en lugar de en un mundo de incomprensión y extrañeza ante la psicopatía, los personajes principales viven en una mezcla de novela de aventuras y de espías en la que el asesino va a lo suyo sin ser molestado. Lo

s dos principales investigadores encargados de detenerlo están demasiado ocupados huyendo de sus propios fantasmas y de las trabas que les pone el autor como para llevar una investigación coherente.

La incoherencia y falta de realismo en el relato llegan hasta el punto de asociaciones familiares entre investigador e investigado, huidas en trenes hacia gulags y visitas a aldeas rusas que se asemejan demasiado a la Tierra Media de Tolkien para ser fruto de la casualidad.

El resultado de todo esto es un protagonista sobre-dimensionado hasta el extremo al que, sin embargo, apenas se le deja hacer o decir nada, un montón de muertos a los que no conocemos desperdigados en las cercanías de Rostov, un protagonista (y su odiosa mujer) en

un viaje de locura hacia ninguna parte y un paisaje lleno de propaganda anticomunista pero sin base histórica alguna.

Personalmente, considero una equivocación comprarlo. Al menos a aquellos que conozcan algo de la historia o les gusten las tramas bien construidas. A modo de curiosidad, decir que Ridley Scott compró hace un par de años los derechos del libro. Esperemos que esto no desemboque en un error con letras mayúsculas!

Artículo de Bookakke

El libro de las perversiones – Luis Antonio de Villena

Hace un par de años me topé por casualidad con este libro en la magnífica librería madrileña Petra´s Bookshop y entre encargo y pedido decidí comprarlo, movido por el morbo puro y duro.

 

Haciendo honor al título, este corto volumen narra de manera escueta diferentes “perversiones”, desde la        masturbación y el frotismo a la cropofagia y la necrofilia.

Si bien cabe destacar un punto de vista interesante sobre el asunto (la idea subyacente de que el “pervertido” se   recrea más con la idea de su perversión más que en la realización de ésta), Villena nos desgrana una cantidad notable de anecdotario de pintores y escritores notables y sobradamente conocidos personajes históricos que padecieron (o disfrutaron) de las filias a tratar en cada capítulo.

Esto aporta notables cantidades del chafardeo y cotilleo bienintencionado, amen de numerosas referencias a autores y libros estupendos, que reconozco he leído motivada por este volumen.

 

Aunque a nadie le sorprendan las historias sórdidas sobre personajes públicos, es notable la idea de normalización que el autor muestra a lo largo de la recopilación y que se te acaba pegando.

Las únicas pegas serían la nefasta edición de Planeta (hasta ahora la única que he encontrado) que incluye unas fotografías y grabados colocados y apelotonados en una sola cara cada pocas páginas que además no concuerdan con el capítulo  que se está leyendo, lo que crea un poco de confusión y cierta sensación de “que-cojones-pinta-esto-aquí”.

La otra cosa, pese a que este libro me encanta, es que Villena a veces resulta demasiado… cursi. Pese a que escribe bien, y se lee en dos patadas, a veces peca de exceso, resultando meloso y cargante en demasía, abusando de las figuras retóricas y las formas literarias en algunos casos hasta bordear la diabetes.

Es curioso que cuando más prolijo se muestra es cuando narra las anécdotas propias o de conocidos, que pueblan buena parte del libro, tratando además de temas cada vez más escabrosos, dándonos a entender que al señor Villena no le faltan amigos de lo más guarrete… O quizás lo que le sobra es una imaginación desbordante…

En cualquier caso, un libro rápido, fácil y muy entretenido que te hará pensar que eres jodidamente soso en la cama.

Artículo de Bookakke