CHAVS, la demonización de la clase obrera – Owen Jones

A priori, he de reconocer que me acerqué a este libro por tener una foto de Gabin Watson en la portada (que le vamos a hacer), pero tampoco iba tan desencaminado.

El libro no habla de Skins, sino de Chavs, una “subcultura” propagada entre la case trabajadora. Pero no son una tribu urbana, ni un colectivo, ni una moda, ni siquiera se catalogan a si mismo como chavs. Los chavs son eso: obreros.
Pero no cualquier clase de obreros: estereotípicamente son residentes en viviendas de protección oficial, la mayoría desempleados y/o con bajos ingresos. Se les atribuyen cualidades como ser “horteras” (mucho chandal y ropa ajustada), zafios, bebedores e irresponsables en cuanto al sexo: otro gran axioma es la supuesta hegemonía del embarazo adolescente.

De un sentimiento de rechazo a esta clase, nace una justificación social de su medio de vida, destinada a que la población desempatice con este colectivo: Si viven en viviendas sociales, es porque son vagos. Por ese mismo motivo, no trabajan y solo cobran ayudas del gobierno. Su “mal gusto” es obviamente voluntario y está arraigado a un bajo coeficiente intelectual y la cantidad de chicas “chavs” que se quedan embarazadas muy jóvenes lo hacen claramente aposta, para recibir subsidios gubernamentales.

Al lector, sin duda, no se le escapa el trasfondo oportunista de estas deducciones.

Ya que en base a esas premisas, la sociedad inglesa propone recortar ayudas sociales de todo tipo y recurre al gran argumento Tori (aunque adoptado por los laboristas desde la Thatcher) de “los pobres son pobres porque quieren”. Otros políticos (y he dicho políticos) proponen verter un agente anticonceptivo o esterilizante en el agua, para evitar su “reproducción como animales”.

No se si se capta el trasfondo clasista del asunto. Owen Jones no se esconde como laborista, pero se pregunta como ha podido surgir una clase “media” (inexistente) que odia, se burla y denigra a la clase trabajadora.
Desde páginas webs como ChavScum (escoria chav) o ChavTowns hasta series como Little Britain (donde parodian que venden sus bebés por alcohol) hasta agencias inmobiliarias o de viajes donde garantizan barrios o vacaciones libres de chavs.
La lista es infinita.

La realidad silenciosa y el meollo de este libro, es que los chavs, como realidad social, no existen más allá de la mente clasista de una clase trabajadora que quiere ser clase media.No se pregunta si la eliminación de la industria en los pueblos del norte ha contribuido a su pobreza y a la dependencia de las ayudas sociales. No se pregunta si los continuos recortes en educación pública y el estigma social que supone no haber ido a un colegio privado contribuyen a la tasa de abandono escolar e incluso al incremento de embarazos adolescentes.

Y ahora pensemos. por mucho que algunos llegásemos al escándalo en estas maravillosas páginas… No creo ser el primero que hace el símil chavs=canis.

Ni creo ser un abanderado de la clase trabajadora, ni lo pretendo, pero vivimos en un microcosmos clasista que, si bien no es tan bruto como el inglés, va camino de lo mismo.

Porque flipamos con “callejeros”, y con “hermano mayor”, porque nos partimos el pecho con “Aída” (ya hablaré de esta ponzoña clasista en otro momento) y visitamos webs donde nos mofamos de los “tuentis” de esos a los que no dudamos de calificar de “infrahumanos” (yo mismo lo he dicho en alguna ocasión) que son los canis.

Exudamos la misma basura impuesta por los medios que nos catapulta a un estado superior, que nos permite mirar por encima del hombro a un colectivo, sin pararnos a

pensar si somos parte del mismo (pobres, clase trabajadora) solo porque poseemos más cosas o porque no somos tan horteras o maleducados.

Preguntémonos si la mierda de sistema educativo o si el alienamiento obrero de los barrios deprimidos contribuyen a crear jóvenes como estos.
Preguntémonos si nosotros somos los obreros afortunados de tener un medio de vida digno y protector, que nos permite dedicarnos a la contemplación.
Preguntémonos si nuestra vida hubiera sido igual de haber nacido en una familia diferente, en un barrio diferente…

Preguntémonos si no somos todos, al fin, chavs. O canis. U obreros.

O porqué nos reímos de la gente humilde mientras nos pisan desde arriba.

Dr. Benway

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De los estimulantes a los depresores

                Hubo un tiempo en el que la vida parecía ser de lo más interesante. Una época en la que, siendo más jóvenes, todo lo que nos rodeaba resultaba digno de escucharse, de verse y de tocarse. Mi vecina estaba buena y yo quería que se casara conmigo, mi perro todavía podía subirse al sofá sin ayuda de nadie, y yo, sin comerlo ni beberlo, me veía inmerso en una vorágine de sensaciones propias del cambio de la adolescencia a la semi-adultez.

Por aquel entonces me encantaba desnudarme y pasear por la calle de noche. Me gustaba beber en compañía hasta altas horas de la madrugada sin que importara el dónde ni el porqué. La vida era un puto caos, yo era un niño y me drogaba. La vida era maravillosa.JM_54-thumb

Sería aburrido enumerar todas y cada una de las drogas que consumía por aquel entonces, pero puedo decir con (casi) total seguridad que la mayoría eran estimulantes. El speed, la cocaína, el MDMA.

Por no hablar de las drogas de diseño, (de las cuales yo nunca fui muy fan), nos acompañaban todos los fines de semana y muchos días laborales en los que necesitábamos un “empujoncito” para seguir hacia adelante.
La vida era maravillosa pero la gente empezaba a apestar. Empezaba a oler como a plástico quemado y a meada de gato. Todo se fue a la mierda en un abrir y cerrar de ojos. De repente la vida era una puta y la mayoría de las personas eran su clientela, y pagaban muy mal.

 Supongo que esa fue una de las grandes razones por las que me pasé a los depresores. Llevaba ya muchos años quemando mis sinapsis con esto y aquello y supuse que eran parte del problema. Pasé de consumir sulfato de anfetamina a ingerir y esnifar benzodiacepinas. Muchos de los que hayáis estado en este antro sabréis a lo que me refiero.

 Dejé el punk rock por el post punk.

Tiré mis discos de los Ramones para comprar discos de los Bauhaus. Ya no quería ver el mundo arder, el planeta ya había sido quemado, estaba reducido a cenizas. Me limité a contemplar el descenso y la degeneración. Ahora mis fieles amigos eran los tranquilizantes, sedantes, hipnóticos, anti psicóticos y derivados de la morfina. Drogas de farmacia para amas de casa enfermas de vivir.               

Nos hacemos viejos y más sabios, pero no más interesantes. Me sigue gustando pasear desnudo por la noche a la luz de las farolas y beber hasta altas horas de la madrugada. Pero ahora, salvo honrosas excepciones, lo hago a solas junto a mi botiquín personal.

No se dormir sin química ni aguantar el dolor. Soy más viejo, más sabio

, y más cobarde. Y sin embargo esto no es una confesión, ni una manera de purgar mis pecados.

Esto no es una muestra de debilidad porque sigo siendo mejor que vosotros. Vosotros, panda de inútiles que fuisteis definidos no hace muchas páginas de este blog de manera brillante.

 

               

La gente decente nos aburre, Los simples devoradores de libros nos parecéis basura inmunda, desecho fecal de hiena cocinado a la plancha. Seguid haciéndoos pajas con Palahniuk. Seguid así trozos de mierda. Si eres uno de ellos, largo de aquí, no te queremos, no eres de los nuestros, no te necesitamos. FUERA.

Adiós.

W. Nikopol

La Mancha Humana – P. Roth

Todo autor tiene sus fantasmas y sus rituales, sus señas de identidad.

Johnny Cash, por poner un ejemplo clarificador, tenía la costumbre de, al subir al escenario y coger el micrófono para dar comienzo a la actuación, dirigirse al público con una ansiedad oculta bajo su voz de barítono y decir “Hellow, I’m Johnny Cash”.

Por decirlo de manera sencilla, da la impresión de que el autor del que voy a hablar hoy comienza la escritura de cada uno de sus libros con un “Hola, soy judío y la vida es una mierda”. Y de ahí en adelante ya sabe cómo apañárselas.

Por supuesto, estoy hablando de Philip Roth, premio Pulitzer, ganador del National Book Award, creador de la más-que-celebrada “Pastoral americana” y un largo etcétera. Pero se acabó el peloteo. Vamos a la chicha.

eso no sale ni con KH7

He de decir que no es la primera obra que leo de este hombre, ni, repetimos, la más famosa (acabas por cogerle manía a la susodicha Pastoral americana a poco que hables 5 minutos con alguno de sus numerosos -y poco imparciales, aunque simpáticos- fans ), pero es esta y no otra, de la que hablaré, para disgusto de los anteriormente mencionados.

“La mancha humana”, título sugerente y con una más que cachonda retranca, el libro nos habla de la historia de Coleman Silk, un viejo profesor de una pequeña universidad de provincias que, tras un incidente con unos estudiantes negros por el que es acusado de racismo, ve como su vida se va al garete.

Hasta ahí todo bien. El hombre dimite de su puesto ante el despropósito que sufre, furioso con el mundo académico que le rodea y con las mezquindades de gente inferior a él intelectualmente pero que se puede permitir juzgarle. Pero esto no acaba aquí. Al enterarse del problema, su mujer, con la que lleva media vida casado, se muere de un infarto (de la impresión, vaya), por lo que, loco de rabia, Coleman se hunde en un mundo de odio y rencor hacia aquellos que se lo han quitado todo.

Es en medio de este vivir huraño y eremita, que el protagonista trama relación con dos personas. Un escritor impotente de mediana edad (otro hombre al que la vida le sonríe) y una mujer joven que ha sido maltratada durante años, que perdió a sus dos hijos en un incendio y al que su exmarido culpa de la tragedia (toma ya, que ristra de alegrías).

 

“Y asi es como luchaban mis antepasados negros”

Ni corto ni perezoso, Coleman se hace amigo del escritor y le empieza a contar la historia de su vida. Que si fue boxeador, que si se acostaba con muchísimas mujeres (guiño-guiño), que si le encantan las artes pero escribir no es lo suyo, etcétera. Todo muy normal, hasta que llegamos al punto en el que el viejo profesor viudo, judío, odiado y sin amigos ni familia (sus hijos le abandonan tras la muerte de su madre) le confiesa que además de todo, es NEGROSí. Negro. Y diréis, ¿Cómo puede ser negro si el que hace de él en la película de Hollywood es Anthony Hopkins? ¿Qué despropósito es este? Pues bien; porque es blanco. Es un hijo de padres negros que por azar genético, ha salido de un color tan cercano al blanco que nadie lo clasificaría como negro.

De ahí en adelante las cosas se desmadran. Nuestro simpático protagonista nos describe una vida llena de sufrimientos al ser abandonado sistemáticamente por todas las chicas a las que les confesaba su secreto racial, (las cuales huían asqueadas de haber tenido sexo con él ). Revivimos, a su vez, cómo, harto de ser negro, abandona a su familia y vive en la mentira durante el resto de su vida. Finalmente, llegamos al punto en el que por una ridiculez le acusan (en falso, como es lógico) de racismo, por lo que paradójicamente, paga por haber dejado de lado a los suyos. O así lo entiendo yo (he de confesar que a estas alturas de libro solo seguía leyendo por lo gracioso que me parecía la dicotomía follacas arrepentido-impotente incómodo con la conversación).

Desde que amanece, apetece

Una vez llegados a este punto, Coleman decide que, liberado de la mentira, puede elegir vivir como le dé la gana, por lo que empieza a tirarse a la joven mujer que le limpia la casa (Nicole Kidman, para más señas) en lo que podría calificarse de una versión porno mala de “My fair lady” (la joven, había olvidado mencionarlo, es analfabeta) con una diferencia de edad de 50 años mínimo entre los contendientes sexuales.

Para rizar aún más el rizo y degradarse un poquito más, el escándalo sale a la luz (el del folleteo senil, me refiero), toda la comunidad se le echa encima tachándolo de obsceno, salido, etc. y el ex-marido de la joven mujer maltratada decide que va a matarlos a ambos por la que están montando, cosa que consigue casi sin querer, sacándolos de la carretera al ponerse a conducir en plan kamikaze. Los últimos estertores de libro son las explicaciones que nos da el escritor amigo de Coleman de lo mal que se siente por el asunto, los intentos que hace para que la gente le recuerde como a una buena persona y el encuentro final entre el asesino de la pareja y él en medio de un lago (charlan de pesca, no os hagáis ilusiones).

La pastilla Kosher, abuelo!

Un final bastante tostón, la verdad. Como justicia poética por el kaos de novela que es, se nos dice sin más ni más que el asesino de Coleman y la joven es condenado a muerte (??) y que un profesor negro de la universidad lo deja bien dando un discursito en su funeral en el que ensalza lo buen tío que era.

Poco más que decir. Es un libro que se lee bastante decentemente, un poco bastante paja mental y que da la impresión de haberse hecho de cualquier manera, pero a pesar de eso, no es un mal libro. No tanto como cabría esperar de una crítica tan a degüello, supongo

R. Jordan

50 sombras de Grey — E.L. James

Innagurando la categoría “libros de mierda” y para re-abrir este blog con ciertos cambios, hoy he decidido empezar por la exitosisima novela “50 sombras de Grey”, escrita por la inglesa E.L. James.

Principalmente, destacaré que se trata de un libro gordo, gordo de cojones. Y sin embargo, amigos, os garantizo que con un poco de paciencia, podréis leerlo en una tarde, cosa que os recomiendo. No de dediquéis demasiado, puesto que es tiempo perdido.
También os recomiendo que los descarguéis, ya que la edición de bolsillo más barata cuesta 17 euros y de verdad, de verdad, que no merece la pena. Igual necesitáis tratamiendo después.

La magna obra trata de (resumiendo) Una joven estudiante llamada Anastasia “Ana” Steele que se enamora obsesiva y humillantemente de un multimillonario joven, guapo, con buen físico y un gusto por el “Sado”, llamado Christian Grey. Junto a él hace cosas como muy de novia normal: perder la virginidad, hacer mamadas y lo que al parecer más le gusta a las mujeres: cambiar al tío del que se enamoraron.

Que no os engañe la sección de la biblioteca: el libro no es erótico.
Se trata de un extensísimo volumen sobre una chica que a base de ser pesada, ridícula, prejuiciosa e infantil, consigue que el hombre frío e inaccesible que a priori solo busca sexo se enamore de ella y, probablemente, acabe en boda. Todo un ejemplo a seguir para los millones de féminas que leen este soporífero tostón.

Aclarado el hilo argumental, entremos en harina:

1) La Historia:
Como ya he comentado, la historia no trata más que de un eterno monólogo interior narrado por una princesita de clase media sin el menor atisbo de cerebro. Se trata, como no, de una fiel seguidora de la novela romántica del siglo XIX, y parece ensalzar como valor las cosas que lee en los libros. En especial, aparecen numerosas referencias a Tess, la de los d’Urberville, soporífera y moñisima novela de la época.  Esto ya os puede dar una idea de la dimensión cultural de la muchacha, que se esfuerza tanto por ser “normal” que acaba resultando vulgar.

Entre otras muchas lindezas, no sabe usar un ordenador, se siente amedrentada por una Blackberry, y cumple todos y cada uno de los JODIDOS TÓPICOS DE MIERDA que confluyen la mal llamada “moda retro”: Conduce un cutre escarabajo del año de la tana, usa una sencilla coleta y su ropa habitual son zapatillas y camiseta. Le falta usar gafas de pasta y peregrinar a puto Primavera Sound.
Por supuesto, todo este look contracultural contrasta con una curiosa estrechez “monjil” de miras: nunca ha tenido novio, ni se ha besado, ni se ha emborrachado, ni ha ido de la mano jamás con hombre alguno. Asimismo, es por supuesto virgen, no ha tenido relaciones de tipo oral y ni siquiera se masturba. A mi me sorprende que haya llegado a los 21 viva.

Su acompañante en esta diarrea novelística es otro personaje TAN estereotipado que dan náuseas.
Se trata de un jóven millonario hecho a si mismo, huérfano, y con un duro pasado que ha marcado su oscuro y taciturno carácter y que esconde, en su misantropía, un retorcido secreto: ES BÁTMAN.
No, ojalá. le va el “sado” y cuando digo “sado” me refiero a dar cachetes. Bueno, ya me extenderé sobre esto.
El personaje de Grey resulta más interesante en cuanto a que, tras la lectura del libro, sigo sin comprender porque se enamora de una frígida chillona y neurótica como la protagonista. Sin embargo, de nuevo, su descripción está llena de redundancias y ridiculeces, tales como que pilota helicópteros y aviones, toca el piano pero le gusta la música actual, cocina, sabe de vinos, de coches… Vamos, que la autora ha cogido y se ha inventado una retorcida y ridícula idea del “hombre perfecto”: que igual te hace una lubina, que te habla de arte, que te ata a una pared y te sodomiza con un candelabro judío.

2) El sexo

Bueno, vamos a ver. Está claro que sexo hay, y que la etiqueta de “novela erótica” ha lanzado este soberano tostón a las listas de best sellers de todo el mundo. Pero desilusionaos, onanístas de papel. El sexo de este libro parece sacado de las fantasias sado-eróticas de una madre gorda y aburrida en su casa de los suburbios. (oh, vaya)
Para empezar, muestra un total desconocimiento del mundo de la dominación, y se centra en fantasías super triviales del tipo “y le dió unos azotes” o “le zurró el crítoris”, cosas que al lado de

cualquier libro/peli/cosa de BDSM quedan a la altura de preeliminares, de nuevo, de burda clase media con ganas de escandalizar.

 

 

 

 

 

Así pues, salvo referencias verbales a las prácticas, mantienen una desilusionante mayoría de relaciones de lo más normal, (llamados por el señor Grey “polvos vainilla” por algún tipo de razón inescrutable) que no pasan de ser, digamos, impulsivas. (el clásico aqui-te-pillo-aqui-te-mato de toda la vida..)

No se quién podría confundir pegar un polvo salvaje en una mesa con “sadomasoquismo”. Bueno, si se quien. Y es alguien que no folla mucho.

Por ende, la protagonista desaprueba completamente las prácticas duras, pese a declarar mediante redundantes y estúpidas metáforas referentes a una “diosa interior” que le ponen, como se suele decir, muy perra.
Se pasa, pues, toda la novela en un aburridísimo dilema moral entre lo que le pide su líbido y lo que le dice su conciencia, que viene a ser que si se esfuerza mucho, podrá convertir a un hombre duro y sadista en un tierno cachorrillo que la regale flores y bombones. Es lo que le gusta a las mujeres, no?

También cabe destacar el lenguaje sexual, muy alejado del erotismo y a años luz del BDSM más básico: referencias al “miembro”, a “mi sexo” y llamar a la chica “nena” en la cama resultan totalmente absurdas en un supuesto contexto de relación amo-esclava. Bueno, si me apuran diré que en relaciones de cualquier tipo.

3) Narrativa

Lo peor de todo es que está mal escrito. Pura y sencillamente mal escrito. No tanto ya que el argumento sea un rollo (no sería el primer material pseudo-erótico cuya historia deja que desear, recordemos eso de “soy el fontanero y vengo a desatascarle las cañerías”) como la pretenciosidad que destila durante todo el libro, empeñándose en dotar a los acontecimientos más mundanos de un trasfondo emocional basado en el abuso (que no uso) de expresiones rimbombantes y metáforas recargadas.
Supongo que habrá que recordar que la mencionada E.L. James no es escritora profesional, y que esto nace como un fanfic de “Crepúsculo” que deberia darnos ya alguna pista…
Pero de verdad, cuesta imaginar a alguien haciéndolo tan mal. Las referencias culturales son también harina de otro costal, así como las expresiones coloquiales usadas entre una joven de 21 años y sus amigos o con su novio de 27, que habla como si lo hubiesen traído del siglo XII en una burbuja.
No recuerdo haber encontrado nada más forzado que un UAU (como exclamación) y apenas dos o tres “joder, mierda, gilipollas” en todo el libro. A veces tenía la sensación de que la iban a sodomizar mientras exclamaba ”MECACHIS!”

También cabe destacar el uso continuado y constante de las mismas expresiones una y otra vez, ya que al parecer “morderse el labio”, “fruncir el ceño” y “poner los ojos en blanco” son tics o gestos que son descritos con las mismas exactas palabras una y otra vez casi sin descanso, lo que hace que seguir la narración sea algo complicado, centrados en dilucidar el deja-vu aterrador de estos pasajes.

Claro, que podemos suponer que la autora ha buscado en google “que cosas son así como modernas” y le ha salido… pues eso, Ipods, Macs a tutiplén, Kings of Leon y ser profundamente imbécil. No me extrañaría que Christian Grey llevase también un irónico bigotillo.

En resumen, se trata de un libro que no recomendaría ni para reírse, ya que al principio puede hacer gracia, pero acaba por desesperar.
Para más INRI, es abiertamente inconcluso (con un final muy “cumbres borrascosas”) que pretende que intentes leer los dos subsiguientes volúmenes que pintan más cursis y con más moralina emocional aún que este.

Os dejo con la cita que a mi juicio, resume perfectamente lo expuesto en los puntos 1,2 y 3:

“Eh tu, no te enfades tanto y devuélveme las bragas”
– “Ana” Steele dixit

Artículo de Bookakke

La letra escarlata — Nathaniel Hawthorne

“¡¡Que te follen, Hawthorne!!”  ha sido el pensamiento recurrente que ha invadido mi mente durante la lectura de este… ¿soporífero? (¡es poco!) volumen.
La historia tenían un cierto juguillo a morbo, a guay, y a retorcido drama romántico que incluiría a buen seguro traición, pasión desatada y mucha moralidad de mierda… JA! PUES NANAI, DE LA CHINA!
El libro comienza cuando a Hester Prynne, aparente morenaza de armas tomar, es expuesta al populacho para mostrar un blasón A de color escarlata en la ropa. El castigo (es vox populi) es por haberse acostado con un hombre, aunque ella estaba casada (aunque su marido teóricamente ha muerto en el mar… Pero como no hay cuerpo… ¡no haber sido puritana, maja!).

Prueba de su relación extramatrimonial es su hija Pearl, que al parecer es una cria inquieta que a todo el mundo le da miedo…
De repente.. ¡TACHÁN! en un sorprendente giro argumental un misterioso Roger Chillingworth que en realidad es… ¿si? ¡si! El marido de Hester disfrazado! fanfarrias! Obviamente no quiere ser un cornudo y se mantiene en secreto mientras busca al padre de Pearl, amante de Hester y que no ha sido desvelado y que no es otro que Arthur Dimmesdale, el párroco jóven y sexy y bastante meagalllumbos que reniega de la mujer y se hace el loco durante el juicio y que se pasa la mayor parte del libro llorando y en plan quejicoso porque los remordimientos le atormentan… Y eso que vive con Chillingworth (si, en efecto, acrecenta el rollo culebrón).

Hasta ahi, yo me esperaba un estilo de novela cercano a Brontë y a una mujer oprimida por la rígida moral puritana rebelándose al destino y defendiendo la pasión de… Ni de coña.

Hester es un personaje pobre, con un potencial abrumador que se queda en una inconsistente situación de ella sientiéndose fatal y asumiendo el castigo y enfadándose con su marido secreto y defendiendo al párroco entre lágrimas. El párroco, otora considerado un personaje épico y profundo acaba siendo reducido a la consistencia de un emo de clase media, que lloriquea sin ton ni son constantemente, y el único personaje mínimamente coherente, el del cornudo, es un ser horrible y malvado por querer enterarse de quien le ha “deshonrado”.

Demasiado. Lento, predecible y una sensación de vacuidad y sopor eterno. Nunca he soportado, a título personal, la sensación de leer y leer capítulo tras capítulo y que no pase nada. Pero nada. Y todo ser humano tiene un máximo en la cantidad de descripciones de tortuosos sentimientos, y malvadas reflexiones que es capaz de soportar por minuto.

Por último, disculpen la crítica visceral. Y el discurso soez. Y aún así es mejor que la peli.

 

Artículo de Bookakke

Vamps & Tramps – Camille Paglia

Si he de admitir algo, es que sufro “feministofobia” desde hace mucho. No leo libros sobre el tema, porque suelo acabar cabreándome, gritándole a alguna edición barata de la malfollada de turno.
Pero me he releído este magnífico volumen y probablemente haya una tercera lectura. Y una cuarta.

Porque este libro es una jodida maravilla de lectura obligada para gente de ambos sexos. De lectura fácil y rápida, esta aparentemente sencilla recopilación de textos, programas de TV (guionizados), artículos de prensa y demás se lee de una tacada entre risas, caras de estupor y profundas reflexiones.

Ninguna feminista ha sido tan odiada por las feministas como Paglia.

Nacida en 1947, esta profesora de universidad hace un alegato impresionante a través de sus escritos de todo lo políticamente incorrecto con mucho humor, inteligencia y enormes dosis de mala baba.

Con un léxico no apto para sensibles, Camille se ceba con las “chicas blancas de clase media” que lloriquean por ese fenómeno psicótico de EEUU que son las “violaciones en las citas”, que, si bien condena, califica de actitud de “calientapollas” (literal) ante la doble moral sexual de Norteamérica, que late en un frenesí descontrolado entre la hipersexualidad exhibicionista y la mojigateria del evangelismo católico.

La prostitución y la “problemática” gay son abordadas también desde la óptica de la filósofa, que, renegando de la actitud victimista de las feministas con respeto a las lumis, las trata de “amazonas sexuales” , de auténticas diosas de la sexualidad, que son conscientes del poder de la mujer sobre el hombre (Contextualizando, Camile no se empapa de la realidad actual Europea de las mafias de explotación, sino que se centra en la prostitución voluntaria de mujetes, mucho más común en EEUU en bares de alterne).
También da caña a los gays, desde su perspectiva de bisexual/lesbiana (no parece definirse, ni con ganas de ello) del movimiento gay del “yo” , de la egolatría y megalomanía de las actitudes inquisitorias del colectivo homosexual contra la mas minima tos en contra de su discurso.
Homófoba, machista, reaccionaria, pro-violaciones (¿?) y otras lindezas son algunos de los argumentos que sus detractores esgrimen contra ella.

Personalmente fue un libro revelador para mi, que me reconcilió con la militancia femenina, ya que la idea subjetiva de la mayoría de sus textos es la de que las mujeres no deben parecer víctimas ni seres que requieren una protección especial.. Sino mujeres fuertes capaces de defenderse ellas solas de todas esas pequeñas memeces que hoy en día si que son chirriadas entre lágrimas de cocodrilo en los programas de los sábados por la mañana.

En cuanto a la lectura “per sei” es rápida y fácil, aunque un poco más aburrido en partes, ya que al menos a mi, me cansa tantas imágenes en forma de guión. Por lo demás, también resulta interesante leer sus opiniones sobre literatura y ciencias sociales (alejadas del “tema fuerte”) aunque a veces resulta un tanto academicista y se asemeja peligrosamente a esas introducciones pestiño que algunos editores colocan para rellenar. Leer una y dos, bueno… Pero no olvidemos que es un volumen de 606 páginas (sin contar los apéndices y la apabullante bibliografía añadida) que no conviene leerse de una tacada, sino poco a poco, riéndose y anonadándose a partes iguales.

Por último, este magnífico volumen está solo disponible en la editorial Valdemar (está descatalogada su otra obra, Sexual Personae, pero la he comprado en inglés y ya os daré la matraca) y aunque el precio no es modesto, merece mucho la pena.

-”Yo diría a los hombres: ¡Arriba! y a las mujeres: ¡enfrentaos a ello!”

Artículo de Bookakke

El niño 44 – Tom Rob Smith

Siendo fan incondicional de las historias de serial killers, leerse “El niño 44″, basado, (tal y como anuncian a bombo y platillo la reseña web y la contraportada del libro) en la lucha de un policía de la Unión Soviética contra los prejuicios de la ideología estatal, incapaz de

ver que en su territorio se están llevando a cabo una serie de asesinatos rituales, es, así de primeras, leerse la vida de Andrei Chikatilo, célebre asesino famoso por actuar impunemente durante años en paradas de autobús y estaciones de tren poco transitadas.

Uno se esperaría que, con la fama del caso Chikatilo, la famosa película rodada sobre el caso (muy recomendable, por cierto, titulada “Ciudadano X”), los documentales que han ido apareciendo a lo largo de los últimos años, etc…el autor novelaría una historia con un montón de miga y buscaría un éxito seguro. Pues no.

Pese a dejar claro, por el modus operandi del asesino y por los personajes, que se trata del citado psicópata, Tom Rob Smith se encarga de destrozar todo lo que rodea al “Caníbal de Rostov”. Y digo bien. No es el asesino quien sale perjudicado, sino todo lo demás en comparación. Y es debido a esto que la crítica no coincide ni da lugar a un mínimo termino medio respecto a esta obra. O la califican de basura o de genialidad. Y para muestra, un par de botones:

La Unión Soviética que sirve de contexto para la trama está basada en clichés que desentonan con la historia real y le restan atractivo; en lugar de en un mundo de incomprensión y extrañeza ante la psicopatía, los personajes principales viven en una mezcla de novela de aventuras y de espías en la que el asesino va a lo suyo sin ser molestado. Lo

s dos principales investigadores encargados de detenerlo están demasiado ocupados huyendo de sus propios fantasmas y de las trabas que les pone el autor como para llevar una investigación coherente.

La incoherencia y falta de realismo en el relato llegan hasta el punto de asociaciones familiares entre investigador e investigado, huidas en trenes hacia gulags y visitas a aldeas rusas que se asemejan demasiado a la Tierra Media de Tolkien para ser fruto de la casualidad.

El resultado de todo esto es un protagonista sobre-dimensionado hasta el extremo al que, sin embargo, apenas se le deja hacer o decir nada, un montón de muertos a los que no conocemos desperdigados en las cercanías de Rostov, un protagonista (y su odiosa mujer) en

un viaje de locura hacia ninguna parte y un paisaje lleno de propaganda anticomunista pero sin base histórica alguna.

Personalmente, considero una equivocación comprarlo. Al menos a aquellos que conozcan algo de la historia o les gusten las tramas bien construidas. A modo de curiosidad, decir que Ridley Scott compró hace un par de años los derechos del libro. Esperemos que esto no desemboque en un error con letras mayúsculas!

Artículo de Bookakke